
Por mi temor para sufrir, por mi afán por
abarcar y por mis tropiezos para crecer.
Perdóname cuando me tarde para reponerme del dolor y lo deje ahí aposentado,
desperdiciando las oportunidades que me das para dejarlo correr.
Perdóname cuando me das la mano y yo te digo: ¡No puedo! Cuando me das la
luz y yo te digo: ¡No veo! Cuando me llamas y yo te digo: ¡No
oigo!
Perdóname, porque seguro me he quedado con muchas sonrisas dentro, con muchas flores en
las manos ¡y ni siquiera me he dado cuenta!
Por no saber que lo que muere en mi corazón todos los días son espacios que debo
preparar para recibir las alegrías del nuevo amanecer.
Perdóname por no saber aceptar el frío y las nevadas del invierno, lo mismo que acepté
antes la fragancia y las rosas de tanta primaveras.
Perdóname los desperdicios de la vida. Es muy dura y muy compleja: unas veces he sido yo
quien he querido bebérmela de un sorbo y otras es ella la que me ha ido absorbiendo a
mí.
Perdóname esas pequeñas indiferencias que duelen más que un pecado, esa pesadez de
algunos días que lastima más que una ofuscación y esos olvidos imperceptibles que
duelen más que una caída.
Perdóname cuando me faltan los detalles, me aparecen las arideces y se me cansa el alma
de luchar y de sufrir
¡cuando me siento tan poca cosa!
Perdona mi ineficacia, mi falta de fe y mis impedimentos humanos. Por no darme cuenta de
que no hay muerte: lo que hay es principio, tierra y cielo.
Une tu misericordia y mi humildad, para ver nacer el perdón
¡Y quédate
conmigo!
Quédate conmigo, con valiente arraigo.
Mira que me entibio, me turbo, decaigo.
Fúndete a mi alma, invade mi ser.
Que la sombra humana nos impide ver.
Porque si te quedas, si te vas mostrando,
estas arideces se me irán quitando.
Que si Tú te quedas junto a mi dolor,
en la propia hondura sentiré tu amor.
Quédate conmigo, razón de mis razones.
Conoces ese frío que dan las decepciones.
Quédate en la rutina, en la pena, en el desvío,
¡te necesito tanto, Jesús mío!
Quédate conmigo, mira que anochece,
La tarde declina, todo se oscurece.
Dulces resplandores tendrá la partida,
¡si quedas conmigo por toda la vida!
|