La gente que espera recibir el equivalente exacto del grado del
amor que da, conseguirá el fracaso. El amor no es pesable y administrable en medidas
iguales. Porque todos nosotros asumimos nuestras relaciones como personas con historias,
recursos y conocimientos diferentes, y aportamos posibilidades, fuerzas y debilidades
distintas. Un compañero puedo ser educado, otro menos expresivo, uno más inseguro, el
otro más estable, etc. No es posible, ni siquiera deseable, que dos personas se
equilibren completamente. El desequilibrio crea la oportunidad y la motivación para el
desarrollo. Viéndolo así, las diferencias tienen capacidad de unir, aunque demasiado a
menudo se espera de ellas lo contrario.
Esta es la parte maravillosa del
amor: la gente puede estar unida, esperanzada locamente, totalmente enamorada, y sentir
todavía los latidos de su propio corazón. |